El propósito no siempre se encuentra; muchas veces se construye sirviendo
Vivimos en una época en la que hablar de adolescentes y jóvenes suele significar hablar de ansiedad, depresión, incertidumbre o dificultades para enfrentar el futuro. Con frecuencia, las conversaciones giran en torno a aquello que les falta: más bienestar emocional, más estabilidad, más oportunidades o mayor preparación para el mundo laboral. Sin embargo, existe una pregunta igual de importante que rara vez ocupa el centro del debate: ¿qué hace que un joven sienta que su vida realmente importa?
Esta pregunta trasciende el ámbito de la salud mental y nos lleva al terreno del propósito, porque una persona puede experimentar momentos de felicidad sin encontrar sentido a lo que vive, del mismo modo puede atravesar dificultades y, aun así, mantener la convicción de que su existencia tiene un valor que va más allá de sí misma. Comprender cómo se construye ese sentido resulta especialmente relevante en una generación que crece en medio de profundas transformaciones sociales, económicas y culturales.
Una de las señales más interesantes en esta dirección proviene de Voices of Gen Z, una investigación publicada en junio de 2026 por Gallup, Walton Family Foundation y Making Caring Common. Entre sus hallazgos destaca un dato preocupante: una proporción importante de jóvenes declara sentir que en su vida falta significado, propósito o ambos. Sin embargo, el estudio no se limita a describir esa carencia también identifica un elemento que parece marcar una diferencia importante y es que los jóvenes que perciben que tienen un impacto positivo en la vida de otras personas muestran una probabilidad considerablemente mayor de experimentar que su vida tiene sentido.
Este hallazgo dialoga con otra investigación desarrollada por Gallup y The Allstate Foundation, realizada con más de tres mil jóvenes de entre 12 y 25 años. El estudio encontró que quienes participan en actividades de servicio presentan mayores niveles de conexión con su comunidad, mejor preparación para su futuro laboral y una mayor capacidad para enfrentar las dificultades de la vida. Lo interesante es que el beneficio no parece surgir únicamente de adquirir nuevas habilidades, sino de experimentar que aquello que hacen tiene un efecto real en otras personas.
Con frecuencia preguntamos qué sienten los adolescentes, cómo mejorar su autoestima o qué estrategias pueden reducir su ansiedad y todas esas preguntas son necesarias, pero quizás existe otra igual de importante ¿dónde se sienten necesarios?
Esta diferencia es grande porque una cosa es sentirse valioso porque otros reconocen nuestras capacidades y otra muy distinta es descubrir que alguien depende de nuestra presencia, de nuestro tiempo o de nuestra ayuda. El propósito rara vez aparece únicamente como una emoción interior sino que nace cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué queremos hacer con nuestra vida y comenzamos a preguntarnos qué necesita el mundo de nosotros.
Vivimos en un mundo donde gran parte de la identidad se construye alrededor del rendimiento y el éxito personal y muchos jóvenes reciben mensajes sobre la importancia de destacar, encontrar su pasión, construir una marca personal o alcanzar determinadas metas, sin embargo estos ideales, aunque pueden ser valiosos, muchas veces dejan una pregunta sin responder: ¿para quién hago todo esto?
El servicio introduce una lógica completamente distinta porque en lugar de poner el foco exclusivamente en el desarrollo individual, desplaza la mirada hacia la contribución y el propósito deja de ser algo que se descubre mirándose a uno mismo y comienza a construirse participando en la vida de los demás.
Esto no significa idealizar el voluntariado ni convertir el servicio en una obligación moral, incluso las propias investigaciones son cuidadosas al respecto. Los resultados son principalmente correlacionales y no permiten afirmar que cualquier experiencia de servicio produzca automáticamente propósito o bienestar. La calidad del acompañamiento, la libertad para elegir, el liderazgo recibido y el sentido que el joven atribuye a su participación siguen siendo factores fundamentales.
Sin embargo, las evidencias sí apuntan hacia una dirección consistente y es que cuando los adolescentes y jóvenes experimentan que su presencia mejora la vida de alguien, aumenta la posibilidad de que también cambie la manera en que interpretan su propia existencia de esta forma sentirse útil no resuelve todos los problemas, pero puede transformar profundamente la forma en que una persona comprende su lugar en el mundo.
Esta reflexión es importante para nosotros los adultos que acompañamos jóvenes porque con frecuencia les ofrecemos espacios donde participan, pero pocas veces les entregamos responsabilidades reales, los invitamos a asistir, a colaborar ocasionalmente o a ejecutar tareas previamente definidas, pero no siempre se les confiamos algo cuya realización dependa verdaderamente de ellos.
Existe una diferencia importante entre sentirse incluido y sentirse necesario, la inclusión genera pertenencia y la responsabilidad genera propósito.
Por eso, una de las preguntas más desafiantes que podemos hacernos como adultos no es cuántas actividades ofrecemos a los jóvenes, sino cuánto confiamos realmente en ellos. ¿Tienen oportunidades para liderar proyectos? ¿pueden contribuir con ideas que transformen su comunidad? ¿experimentan que su voz produce cambios concretos? ¿hay personas cuya vida mejora gracias a su participación?
El propósito difícilmente florece cuando los jóvenes ocupan un lugar meramente decorativo sino que crece cuando descubren que poseen algo valioso que ofrecer y que existen personas que se benefician de ello.
Quizá uno de los mayores desafíos de nuestra generación sea dejar de entender el bienestar únicamente como la ausencia de sufrimiento porque también implica experimentar que nuestra vida tiene dirección, que nuestras acciones generan impacto y que pertenecemos a una historia más grande que nosotros mismos.
Por eso, la conversación sobre salud mental juvenil necesita incorporar una dimensión que con frecuencia queda relegada, la del sentido, no basta con ayudar a los jóvenes a sentirse mejor también necesitamos ayudarlos a descubrir por qué vale la pena levantarse cada mañana.
Porque, al final, el propósito rara vez aparece mientras esperamos encontrarlo, con mucha más frecuencia nace cuando alguien descubre que su tiempo, sus capacidades y su presencia pueden convertirse en una fuente de bien para otra persona. Y quizá esa sea una de las formas más profundas de construir una vida con sentido.
FUENTES CONSULTADAS
Gallup / Walton Family Foundation / Making Caring Common, “Many Gen Zers Missing Sense of Meaning or Purpose in Life” (23 de junio de 2026)
Walton Family Foundation-Gallup Gen Z Research Hub, “Gen Z Wants to Do Good” (2026) https://www.gallup.com/analytics/651674/gen-z-research.aspx
Gallup / The Allstate Foundation, “Service and Volunteer Work Linked to Key Benefits for Youth” (8 de marzo de 2026)

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