Cuando los jóvenes dejan de preguntar primero a las personas
- Monica Monasterio
- 27 jul
- 4 min de lectura
Actualizado: 6 ago
Durante mucho tiempo pensamos que la inteligencia artificial (IA) llegaría a la vida de los jóvenes principalmente como una herramienta para hacer tareas, resolver ejercicios o buscar información, sin embargo, la realidad está evolucionando mucho más rápido que esa expectativa y hoy la IA ya no solo responde preguntas escolares sino que está comenzando a ocupar un lugar en las conversaciones más íntimas de las nuevas generaciones.
Cada vez más adolescentes consultan estas herramientas para hablar sobre su cuerpo, sus emociones, sus relaciones o sus preocupaciones personales, no lo hacen necesariamente porque crean que una IA sea más sabia que una persona, sino porque siempre está disponible, no juzga, responde de inmediato y permite formular preguntas que muchas veces cuesta expresar frente a un adulto. Este cambio representa mucho más que una innovación tecnológica, nos obliga a preguntarnos qué ocurre cuando la primera voz que acompaña una duda importante ya no pertenece a un padre, un profesor, un amigo o un mentor, sino a un algoritmo.
Esta transformación aparece reflejada en el primer estudio anual sobre el uso de IA entre niños y adolescentes de 9 a 17 años, publicado por Common Sense Media el 8 de junio de 2026, la investigación muestra que la gran mayoría de los participantes ya utiliza herramientas de IA y que una proporción importante las emplea de manera cotidiana.
Pero el dato más revelador no está en la frecuencia de uso, sino en el tipo de conversaciones que los jóvenes están teniendo con estas plataformas, más de la mitad de quienes utilizan IA afirma haber solicitado consejos relacionados con la salud o el cuerpo, mientras que más de un tercio reconoce haber conversado con estas herramientas acerca de sentimientos o problemas personales, al mismo tiempo, una parte importante de los participantes señala que ningún padre, madre o cuidador ha conversado con ellos sobre cómo utilizar la IA de manera segura y responsable.
El estudio también identifica una debilidad y es que no muchas escuelas están enseñando cómo funcionan realmente estos sistemas, cuáles son sus limitaciones y por qué sus respuestas siempre necesitan ser interpretadas críticamente. Como consecuencia, solo una minoría de los jóvenes comprende con claridad que una respuesta generada por IA puede sonar completamente convincente y, aun así, contener errores, omisiones o información poco confiable.
Además, la investigación observa una asociación entre un uso más frecuente de IA y un mayor reporte de soledad entre los participantes, esto no significa necesariamente que la IA provoque soledad sino tal vez, que quienes ya se sienten más solos recurran con mayor frecuencia a estas herramientas buscando compañía, orientación o conversación. Lo importante no es establecer una relación causal, sino reconocer que estamos frente a un fenómeno nuevo que merece una reflexión seria.
Durante generaciones, las primeras preguntas difíciles de la vida encontraban respuesta en personas concretas, padres, hermanos mayores, profesores, líderes, médicos o amigos, hoy para muchos adolescentes, el camino más corto consiste simplemente en abrir una aplicación y escribir una pregunta.
Eso modifica la experiencia misma de buscar orientación porque una IA puede entregar información útil, organizar ideas o explicar conceptos complejos con enorme rapidez, pero no puede conocer la historia completa de quien pregunta, no percibe el tono de una voz, el silencio incómodo, una mirada de angustia o aquello que una persona calla precisamente porque todavía no encuentra palabras para expresarlo.
La IA puede responder preguntas, pero no reemplazar la presencia de alguien que conoce nuestra vida.
Un adolescente que siente vergüenza, ansiedad, confusión respecto de su cuerpo o miedo de preocupar a su familia probablemente encuentre mucho más sencillo escribir una consulta anónima que iniciar una conversación cara a cara, ese comportamiento no habla únicamente del avance tecnológico, también revela que muchas veces los adultos no estamos siendo percibidos como suficientemente accesibles para las preguntas más difíciles.
Por eso, el desafío no consiste en convencer a los jóvenes de no usar la IA porque puede ser una herramienta extraordinariamente útil para aprender, generar ideas o resolver problemas concretos, la verdadera tarea consiste en enseñar a discernir. De esta forma la alfabetización digital no consiste solo en aprender a usar la IA, sino en saber cuándo dejar de conversar con ella y buscar a una persona.
Ese discernimiento implica comprender que existen preguntas para las cuales una herramienta tecnológica puede ser un buen punto de partida y otras donde nunca debería ser el destino final. Una consulta sobre cómo organizar un trabajo escolar o comprender un concepto científico puede resolverse perfectamente con apoyo de la IA, pero una crisis emocional, una duda sobre salud, pensamientos de autolesión, experiencias de abuso o decisiones que pueden cambiar una vida requieren algo que ningún algoritmo puede ofrecer y es responsabilidad compartida, acompañamiento humano y una relación capaz de sostener el sufrimiento.
Quizá esta sea la enseñanza más destacable que deja este estudio. La conversación sobre IA no trata solamente de tecnología, trata sobre todo de relaciones humanas. Cada vez que un adolescente elige preguntarle primero a una máquina antes que a una persona, también está revelando cómo percibe la disponibilidad, la cercanía y la confianza de los adultos que lo rodean.
Por eso, la mejor respuesta frente al avance de la IA no será únicamente crear nuevas normas o restricciones, será construir familias, escuelas, iglesias y comunidades donde los jóvenes sepan que existen personas dispuestas a escuchar incluso las preguntas más incómodas, sin ridiculizar, sin apresurarse a juzgar y sin desaparecer cuando las respuestas resultan difíciles.
El verdadero desafío no es competir con la IA, sino asegurarnos de que ningún adolescente termine creyendo que un algoritmo es el lugar más seguro para hablar de su vida. Porque las mejores tecnologías pueden orientar, informar e incluso ayudar a pensar, pero solo una relación humana puede ofrecer aquello que más necesitamos en los momentos decisivos: ser conocidos, comprendidos y acompañados.
Fuentes consultadas
Common Sense Media: Common Sense Media Releases Inaugural Annual Study on AI Use by Tweens and Teens
The Common Sense Media Census: AI Use by Tweens and Teens, 2026 (PDF)

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