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El verdadero costo de mirar sin participar

Foto del escritor: Monica Monasterio
Monica Monasterio
14 oct
4 min de lectura

Durante años, el debate sobre el impacto de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes ha girado en torno a una misma pregunta ¿cuántas horas pasan frente a una pantalla?, padres, docentes y medios de comunicación suelen medir el riesgo en función del tiempo de uso, como si todas las experiencias digitales fueran equivalentes. Sin embargo, la evidencia más reciente nos ayuda a entender que no toda interacción con las redes sociales produce los mismos efectos. La manera en que un joven utiliza una plataforma puede ser tan importante como el tiempo que permanece en ella y esta distinción resulta fundamental porque cambia el foco de la conversación.

El verdadero desafío quizá no sea únicamente reducir las horas frente al teléfono, sino comprender qué ocurre durante ese tiempo porque no es lo mismo conversar con un amigo, crear contenido, aprender una habilidad o participar en una comunidad que pasar largos períodos desplazándose sin pausa por un flujo interminable de publicaciones, aunque ambas actividades ocurran dentro de una pantalla, representan experiencias muy distintas.

Un estudio publicado recientemente en el Journal of Mood & Anxiety Disorders analizó información de más de 143.000 adolescentes de 15 y 16 años provenientes de 47 países. La investigación encontró que tanto el uso activo como el uso pasivo de las redes sociales se asociaban con mayores niveles de afecto ansioso, sin embargo, la relación fue considerablemente más fuerte y consistente en quienes utilizaban las plataformas principalmente de manera pasiva, especialmente entre las adolescentes.

El hallazgo resulta interesante porque pone nombre a una conducta que muchas veces pasa inadvertida, el uso pasivo consiste en permanecer observando publicaciones, desplazándose por el contenido, mirando historias o comparando la propia vida con la de otras personas, sin participar realmente en conversaciones ni establecer vínculos significativos. Desde fuera puede parecer una actividad inocente, no hay discusiones, ni publicaciones polémicas, ni conflictos visibles, sin embargo, por dentro puede convertirse en una experiencia marcada por la comparación, la sensación de quedarse atrás y la percepción de que la vida de los demás siempre parece más interesante que la propia.

Este estudio dialoga con otras investigaciones recientes como la de Child Mind Institute que actualizó durante julio su guía sobre autoestima y redes sociales, insistiendo en que la exposición constante a imágenes cuidadosamente editadas puede deteriorar la percepción que los adolescentes tienen de sí mismos, no porque esas imágenes sean necesariamente falsas, sino porque muestran versiones seleccionadas de la realidad que terminan convirtiéndose en estándares imposibles de alcanzar.

Al mismo tiempo, una investigación del Pew Research Center mostró que los propios adolescentes distinguen entre las distintas plataformas, donde algunas son percibidas principalmente como espacios que fortalecen las amistades, mientras que otras aparecen con mayor frecuencia asociadas al deterioro del sueño, la distracción o la sensación de perder el tiempo. Este dato resulta valioso porque demuestra que los jóvenes no experimentan todas las redes sociales de la misma manera, ya que, ellos mismos reconocen que ciertas experiencias digitales los acercan a las personas, mientras que otras los dejan más agotados, hiperalertas e incluso se sienten aislados emocionalmente.

Todo esto permite corregir dos errores frecuentes, el primero consiste en pensar que el único indicador importante es la cantidad de horas de uso y el segundo es asumir que todas las formas de participación digital producen los mismos efectos. Tampoco significa que las redes sociales sean la causa única de la ansiedad o de los problemas emocionales, ya que la salud mental siempre responde a múltiples factores que interactúan entre sí.

Sin embargo, la evidencia sí sugiere que el scroll pasivo prolongado y el deterioro del descanso constituyen señales que merecen atención, especialmente cuando aparecen junto con irritabilidad, retraimiento, baja autoestima o una creciente dependencia de las plataformas para regular el estado de ánimo.

Quizá uno de los aspectos más preocupantes del scroll infinito sea que consume la atención, interrumpe el descanso y, poco a poco, modifica la forma en que las personas se relacionan consigo mismas. Cuando la mayor parte de la experiencia digital consiste en observar la vida cuidadosamente editada de otros, resulta más difícil desarrollar gratitud por la propia historia, disfrutar el presente o reconocer el valor de los vínculos reales.

Esta realidad plantea un desafío importante para familias porque en lugar de preguntar únicamente cuánto tiempo pasan frente a las pantallas, conviene comenzar a explorar cómo utilizan ese tiempo ¿conversan con amigos? ¿buscan apoyo? ¿aprenden? ¿crean? ¿o pasan largos períodos comparándose con otras personas sin darse cuenta del efecto que esa dinámica produce sobre su estado de ánimo?

Educar en el mundo digital ya no consiste solo en establecer límites de tiempo, sino también en enseñar a reconocer qué formas de uso fortalecen la vida y cuáles la desgastan silenciosamente. Del mismo modo, proteger el descanso, establecer acuerdos para las noches y favorecer experiencias significativas fuera de las pantallas puede resultar más efectivo que intentar imponer prohibiciones absolutas difíciles de sostener.

En definitiva, el debate sobre las redes sociales necesita volverse más hacia la pregunta de qué tipo de experiencia están viviendo dentro de ellas. Porque el bienestar digital no depende únicamente de apagar una pantalla, sino de aprender a distinguir entre aquello que alimenta la vida y aquello que, casi sin notarlo, comienza a vaciarla.


Fuentes consultadas

Journal of Mood & Anxiety Disorders. Associations between Active and Passive Social Media Use and Anxious Affect among Adolescents Around the World" (19 de julio de 2026).

Child Mind Institute. Social Media and Self-Esteem (actualizado el 15 de julio de 2026).

Pew Research Center. Teens' Experiences on TikTok, Instagram and Snapchat (15 de abril de 2026).

 
 
 

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