top of page
Buscar

La generación que no quiere escapar del mundo digital, sino ayudar a construirlo

Foto del escritor: Monica Monasterio
Monica Monasterio
9 sept
3 min de lectura

Durante años, la conversación sobre adolescentes y tecnología ha estado marcada por la idea recurrente de que los jóvenes son usuarios vulnerables que necesitan ser protegidos de un entorno digital diseñado para captar su atención. Desde esa perspectiva, las soluciones suelen girar en torno a restricciones, controles y advertencias, sin embargo, una iniciativa reciente propone un cambio de paradigma que sea construir un ecosistema digital más saludable pero diseñarlo junto a ellos.

Este cambio resulta significativo porque reconoce una realidad que con frecuencia olvidamos y es que los adolescentes conocen las dinámicas de las plataformas, comprenden las presiones que generan y experimentan en primera persona aquello que favorece su bienestar y aquello que lo deteriora, información que los adultos difícilmente pueden adquirir desde fuera, y escuchar esa experiencia no significa renunciar a la responsabilidad adulta, sino enriquecerla.

Esta idea quedó reflejada en Building Better Platforms: A Youth-Led Guide to Age-Appropriate Digital Design, una guía elaborada por el panel juvenil asesor del Center of Excellence on Social Media and Youth Mental Health, impulsado por la American Academy of Pediatrics y difundida por AAP News. En ella, son los propios adolescentes quienes describen cómo imaginan plataformas digitales más saludables, sus propuestas no buscan eliminar la tecnología de sus vidas, por el contrario, expresan el deseo de contar con espacios que favorezcan las relaciones auténticas, protejan la privacidad, entreguen información confiable, reduzcan la presión generada por los algoritmos, permitan un mayor control sobre la publicidad y los perfiles personales y faciliten un uso responsable de la inteligencia artificial, evitando que esta sustituya las relaciones humanas.

El aspecto más valioso de esta iniciativa no radica únicamente en sus recomendaciones, sino en el proceso que representa porque los adolescentes no están pidiendo únicamente protección, están demostrando que también quieren asumir responsabilidad en la construcción de un entorno digital mejor y esa diferencia cambia totalmente la conversación.

Con demasiada frecuencia los adultos abordamos el mundo digital desde una lógica binaria, permitimos que los adolescentes naveguen sin mayor acompañamiento en plataformas diseñadas para maximizar su permanencia, o respondemos intentando alejarlos completamente de esos espacios, pero ambas posturas comparten la misma limitación que es considerar a los jóvenes como destinatarios de decisiones tomadas por otros.

La propuesta presentada por este grupo de adolescentes abre una tercera posibilidad. En lugar de preguntar únicamente cómo proteger a los jóvenes de la tecnología, comienza preguntando cómo incorporar su experiencia para mejorarla, es una diferencia sutil, pero muy transformadora porque cuando los jóvenes participan en el diseño de los espacios que habitan, dejan de ser simples consumidores y comienzan a convertirse en ciudadanos digitales.

Esta perspectiva también tiene implicancias para la salud emocional debido a que gran parte del malestar que muchos adolescentes experimentan en redes sociales no proviene únicamente del contenido que consumen, sino del diseño mismo de las plataformas con algoritmos que favorecen la comparación constante, notificaciones permanentes, publicidad altamente personalizada y mecanismos pensados para prolongar el tiempo de uso. Cambiar esas condiciones no elimina todos los desafíos del bienestar juvenil, pero sí modifica el ambiente donde se construyen la identidad, las amistades y la autoestima.

Por eso, esta conversación va mucho más allá de la tecnología. En realidad, nos obliga a preguntarnos cómo entendemos la participación juvenil porque con frecuencia los invitamos a expresar su opinión sobre actividades escolares, proyectos comunitarios o iniciativas sociales, pero rara vez les preguntamos cómo debería ser el mundo digital donde pasan buena parte de su vida, escuchar su experiencia no significa aceptar todas sus propuestas sin reflexión, sino reconocer que las mejores soluciones suelen surgir cuando la experiencia cotidiana se encuentra con la responsabilidad adulta.

Quizá esta sea una de las lecciones más importantes de esta iniciativa, educar no consiste únicamente en proteger a las nuevas generaciones de los riesgos del mundo que heredarán también implica prepararlas para transformarlo. Y eso solo es posible cuando dejamos espacio para que participen, propongan y asuman responsabilidades.

Las tecnologías más humanas no surgirán únicamente de mejores programadores, sino también de mejores conversaciones entre generaciones, porque cuando adolescentes y adultos aprenden a diseñar juntos los espacios digitales, la tecnología deja de ser un escenario que simplemente soportamos y comienza a convertirse en un lugar donde es posible cuidar mejor a las personas.

Tal vez la gran pregunta para los próximos años no sea únicamente cómo proteger a los jóvenes del entorno digital, sino si seremos capaces de confiar lo suficiente en ellos como para invitarlos a construirlo con nosotros.


Fuentes consultadas

AAP News: AAP teen advisers release top 10 recommendations for age-appropriate digital platforms

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Crecer acompañado empieza a ser un privilegio

Durante años, el debate sobre infancia y tecnología ha estado dominado por una pregunta que parece inevitable: ¿cuánto tiempo pasan los niños, adolescentes y jóvenes frente a una pantalla?. Esa preocu

 
 
 
La Generación Z está desobedeciendo al algoritmo

Vivimos en una cultura que premia la velocidad y todo parece invitarnos a responder más rápido, consumir más contenido y mantenernos permanentemente conectados. En ese contexto, resulta llamativo que

 
 
 

Comentarios


bottom of page