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Las canciones siguen diciendo quiénes somos

Foto del escritor: Monica Monasterio
Monica Monasterio
25 sept
3 min de lectura

Vivimos en una época donde casi todo parece fragmentarse. Los algoritmos personalizan lo que vemos, escuchamos y pensamos, las conversaciones se dispersan entre cientos de plataformas y las tendencias duran apenas unos días antes de ser reemplazadas por otras. Parecería que ya no existen experiencias culturales verdaderamente compartidas, sin embargo, en medio de esa fragmentación hay un lenguaje que continúa acompañando silenciosamente la construcción de la identidad de millones de adolescentes y jóvenes "la música".

Quizá por eso una de las preguntas más reveladoras que podemos hacerle a un joven no sea "¿cómo estás?", sino "¿qué estás escuchando últimamente?", porque muchas veces detrás de esa respuesta aparecen emociones que todavía no encuentran palabras o incluso preguntas sobre quién se quiere llegar a ser.

Recientemente, YPulse publicó un análisis sobre las canciones que la Generación Z y los millennials consideran más representativas de lo que va de 2026. A primera vista, el resultado parece confirmar la enorme fragmentación cultural de nuestro tiempo, ya que, los jóvenes mencionaron cientos de canciones distintas y muchas de ellas ni siquiera habían sido publicadas durante este año. Ya no existe un único himno generacional capaz de reunirlos a todos.

Sin embargo, el hallazgo más importante del estudio no está en la diversidad de las canciones, sino en que la música continúa siendo una de las principales formas mediante las cuales los jóvenes construyen y expresan su identidad y aunque cada uno escuche artistas distintos, la función que la música cumple permanece sorprendentemente estable.

Esta observación nos revela que las canciones nunca han sido únicamente entretenimiento sino que funcionan como una especie de archivo emocional donde las personas guardan momentos importantes de su historia, de esta forma, una melodía puede devolvernos a una amistad, a una pérdida, a una etapa difícil, a un viaje o a una esperanza que parecía olvidada; también funcionan como acompañantes en transiciones y muchas veces nos ayudan a expresar aquello que todavía no sabemos o no podemos explicar con nuestras propias palabras.

La música no solo acompaña las emociones, también nos ayuda a interpretarlas, esta función es muy importante en la adolescencia porque la identidad todavía se encuentra en construcción, por lo tanto muchas preguntas están abiertas como ¿quién soy?, ¿dónde pertenezco?, ¿qué siento realmente? y las canciones ofrecen un lenguaje capaz de nombrar experiencias que todavía resultan confusas.

Esto nos ayuda a comprender por qué una canción no necesita ser nueva para convertirse en significativa, trasciende el tiempo porque habla de emociones que siguen siendo profundamente humanas y por eso conecta con la experiencia personal de quien la escucha, de esta forma una canción escrita hace veinte años puede describir con precisión el estado emocional de un adolescente hoy.

Esta realidad nos ofrece una enseñanza importante porque con frecuencia intentamos comprender el mundo interior de un adolescente o joven mediante preguntas directas que no siempre encuentran respuesta. Sin embargo, la música puede convertirse en una puerta de entrada mucho más amable hacia estas preguntas, porque conversar acerca de su playlist favorita, una canción que no dejan de escuchar o la letra que más los identifica puede abrir espacios de confianza que difícilmente surgirían a partir de un interrogatorio sobre sus emociones.

Esto no significa interpretar automáticamente cada canción como un diagnóstico emocional, sería un error pensar que todo gusto musical refleja literalmente el estado psicológico de quien escucha, pero sí invita a reconocer que la música constituye uno de los lenguajes más importantes mediante los cuales los jóvenes procesan su experiencia y escuchar con interés aquello que escuchan puede convertirse también en una forma de escucharlos a ellos.

Esta perspectiva nos hace que ver que la música tiene un gran valor y para todos aquellos que trabajamos con jóvenes compartir canciones, comentar letras, construir playlists comunitarias o crear espacios donde la música sea parte de la conversación puede fortalecer la pertenencia y generar encuentros donde las emociones encuentran un lugar legítimo para expresarse.

Porque la identidad no siempre se construye mediante discursos sino que muchas veces se construye mediante aquello que repetimos, recordamos y cantamos. Las palabras suelen agotarse rápidamente pero la música continúa ofreciendo un lenguaje capaz de sostener la memoria, fortalecer los vínculos y acompañar los procesos de crecimiento personal.

En definitiva, el creciente interés por la música revela que, incluso en una cultura fragmentada, los adolescentes y jóvenes siguen necesitando relatos que les ayuden a comprender quiénes son y dónde pertenecen, y las canciones continúan ofreciendo ese espacio de encuentro entre la emoción y la identidad, entre la experiencia personal y la posibilidad de compartirla con otros.

Quizá por eso la música sigue ocupando un lugar tan importante en la vida de las nuevas generaciones. Porque cuando las palabras no alcanzan, una canción todavía puede convertirse en un hogar emocional.


Fuentes consultadas

YPulse. Gen Z and Millennials Name the Top 10 Songs of 2026 (So Far) (23 de julio de 2026). https://www.ypulse.com/article/2026/07/23/gen-z-and-millennials-name-the-top-10-songs-of-2026-so-far/

 
 
 

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